Llevaba años queriendo leer Las tribulaciones del estudiante Törless. Cuando le conocí estudiaba 3º de BUP y se me apareció en el prefacio de uno de los primeros capítulos de mi libro de Filosofía. Unos breves párrafos servían para ilustrar el despertar a la filosofía de un adolescente. Concretamente, las preocupaciones de Törless tenían como punto de partida los números imaginarios... le inquietaba que el nexo de unión entre dos resultados reales, tangibles, contantes y sonantes, pudiera ser algo que no existía. Tanto le alteraba el ánimo, que no pudo dejar de preguntar a su profesor, aunque la respuesta obtenida no fuese del todo satisfactoria...
En cualquier caso, las inquietudes de Törless parecían lo suficientemente interesantes como para darle una oportunidad... Y he aquí cuando me sobrevino la sorpresa. Empecé a leerle con curiosidad... y a las pocas páginas me di cuenta de que el título no iba nada descaminado... De hecho el despertar a la filosofía de Törless es lo más luminoso que le sucede al pobre chico. Hablar de tribulaciones es quedarse corto, el protagonista vive sumido en las brumas de su propio mundo interior, sólo sentimientos, obsesiones, ansiedades... Sin querer destripar a nadie la novela, puedo decir que la historia se desarrolla en la academia militar donde los personajes estudian y la crueldad y cinismo de que hacen gala en sus relaciones con los colegiales son preocupantes. Lo peor, es que no son actos aislados e impulsivos, sino que son fruto de la premeditación. Son conscientes de los sentimientos que guían sus actos, en los que incurren voluntariamente hasta convertirlos en hábitos, configurando cada personaje un carácter determinado: el tirano, el manipulador, el conciliador moralista...
Y cómo olvidar el despertar sexual de los púberes estudiantes, con experiencias homosexuales incluidas-ahí sí que no voy a dar detalles y el que sienta curiosidad que bucee en el libro...- En definitiva, un mejunge proust-freudiano que probablemente sea mucho más interesante cuando se busca el paralelismo con la biografía del autor, se plantea como un primer hito en el camino de lo que toda su obra supone y además se entienden las implicaciones de la sociedad aristocrática de fin de siglo ante la inminente Primera Guerra.
Paradójico, pero justo después de escribir el párrafo anterior, ya no pienso en el susodicho como un "mejunge", ni en mí misma como en una lectora masoquista... Quizá una segunda lectura, después de haber investigado un poco más en la Historia, me haga entender mejor el libro y valorarlo en su justa medida. Así que, después de todo ¿cómo negarle una segunda oportunidad?
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